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El
Cielito
El
Cielito fue el gran canto popular de la Independencia. Atraído
por la revolución, vino de las pampas bonaerenses, ascendió
a los estrados, se icorporó a los ejércitos y difundió
por Sudamérica su enardecido grito rural. Soldado inmediato
y pronto, al lado del himno majestuoso, es aguijón de la
aventura; porfía en tierras lejanas, celebra el triunfo,
vuelve libre y recoge su cansancio en los espíritus asociado
a las grandes emociones de la gesta.
El Cielito integra, con el Pericón y la Media Caña,
el grupo principal de nuestras grandes danzas de conjunto. Es danza
de pareja, principalmente suelta, que no evoluciona independientemente
sino en armonía y en colaboración con las otras parejas.
La pareja, pues, se considera interdependiente.
En cuanto a su carácter,
sobre la base de una música animada, los bailarines hacían
figuras ceremoniosas, complicadas y, entre ellas, ágiles
cabrioleos. Se le añadía un tramo vivaz.
Tengo por cierto hasta ahora que el Cielito sobrellevaba decadente
vida en la campaña bonaerense cuando estalló en la
cuidad capital la Revolución libertadora de 1810. En el semanario
La Moda de marzo 17 de 1838, un escrito que atribuyo a Juan Bautista
Alberdi engarza este párrafo: “El Cielito, hijo de
las campiñas argentinas, expresión de las alegorías
nacionales, despierto y vivo como el sol que alumbra nuestros campos”...
Estas vagas “campiñas argentinas” se delimitan
dos años después, cuando un autor escribe, en Montevideo:
... “sin exceptuar al cielito mismo de Buenos Aires”
... –como veremos-. |
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