La
Jota criolla es una danza de galanteo, de pareja suelta e independiente
y de movimiento vivo.
La Jota, la antigua y tan típica Jota española, que
para nosotros se consubstancia con la esencia del pueblo de la madre
patria, llegó también a nuestras playas en las naves
y en la almas de los peninsulares, quienes las bailaron en las romerías
y aún en los salones.
Como tantas otras danzas, en tierra americana sufrió un proceso
de acriollamiento, de adaptación, y con el correr del tiempo
nació la nueva Jota, que se denominó criolla para
diferenciarla de la española, su madre.
Se bailó en la segunda mitad del siglo pasado en las provincias
centrales, y especialmente en Córdoba, dando origen, naturalmente,
a ciertas variantes regionales. Hoy se practica en parte de Córdoba,
San Luis y La Rioja, y la investigadora I. Aretz dice, al respecto,
que en estas regiones “compite con otras danzas criollas”.
Pertenece pues, al folklore vivo.
Carlos Vega indica que también se la recuerda en Buenos Aires,
Santa Fe, Entre Ríos, Tucumán, Mendoza y San Juan.
Dudan algunos si la Jota que se baila en nuestro país debe
considerarse criolla o no. Al respecto la Sra. Isabel Aretz de Ramo
y Rivera me escribe gentilmente lo que sigue: “La Jota cordobesa
antigua, la riojana y la puntana son una misma. Hay variantes musicales
y coreográficas, y prescindiendo de su nombre, es danza tan
criolla como las otras”.
El profesor Raul E. Vidal publicó en 1951 una versión
de la Jota puntana, y la señora Isabel Aretz una de la Jota
cordobesa en 1952, en su obra “El Folklore musical argentino”. |