La Media Caña

La Media Caña descubre su nombre dentro de la primera década de la revolución de 1810. Parece un desprendimiento del Cielito. Pasó al Uruguay, llegó al Paraguay, se conoció en el sur del Brasil. Fue danza celebrada en la región oriental, pero alcanzó también, con varia suerte, las provincias centrales y aun las andinas; la recordaron en Chile los exiliados argentinos y su nombre aparece muy tempranamente en canturreos de los niños chilenos.

Ascendió vigorosamente en el Plata en la época mas cruel de la guerra civil (1838-1842), y, asociada al partido federal, fue, por razones de oposición, forma literaria de los contrarios. Su decadencia se acentúa con la caída de los federales (1852) y su agonía se precipita en los lustros inmediatos.

Perteneció la Media Caña, con el Cielito y el Pericón, al grupo en que las parejas no procedían independientemente. El hombre y la mujer no bailaban abrazados, es decir, que la danza requería la pareja suelta; e interdependiente, en cuanto cada una cordinaba su acción con las otras.
El tratamiento historiográfico de la Media Caña es difícil. Su nombre es, al parecer, nombre de una figura, o de temas o modos coreográficos; con frecuencia lo hallamos en los documentos asociado de diversas maneras al del Cielito y al del Pericón, y no es tarea sencilla la de interpretar estas ensambladuras. Los detalles coreográficos no nos ayudan, y las versiones musicales, menos. Lo que pasa, realmente, es que faltan documentos para una cabal intelección de su pasado. Todo esto aparte, ocurre que el nombre de una danza picaresca procedente del lado andino, la Resbalosa, se añade al de la Media Caña, asume su representación y contribuye con toda su fuerza a oscurecer el panorama.
Corresponde pues, en primer término, afrontar el problema que nos crea la intromisión de la voz resbalosa. Hecho esto, nos quedaremos “a solas” con la Media Caña...y con el Cielito y el Pericón.


Carlos Vega
Bailes Tradicionales Argentinos
La Media Caña
1953-Editorial Julio Korn



 
     
 
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