Cosquín es un hecho fundamental en la historia de la música popular de los argentinos y es también un hecho determinante de esta pasión argentinísima. Cuando el 21 de enero de 1961 un acorde de guitarras demoradas se escuchó por vez primera en esta villa enclavada en el corazón mismo del Valle de Punilla, pocos podían suponer la trascendencia de la empresa que se ponía en marcha.
Sus mentores, un puñado de voluntades decididas a protagonizar la simple historia de su pueblo simple, no alcanzaron a imaginar, por inspirados que fueran, que ese espacio elegido por el sol y el aire para que los convalecientes curaran los males de la carne, sería el mismo ámbito en el que la luna curaría de ausencias musicales a los argentinos. Wisner, Sarmiento, Berghese, Israilevich, Monguillot y Barrera son un muestrario de orígenes diversos, pero también un ejemplo de horizontes comunes.
Muchos años después, el poeta salteño César Perdiguero definiría este milagro proclamando: "Cosquín es ahora el gran congreso de la coincidencia nacional... La de la coincidencia armoniosa del canto".