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Sus
mentores, un puñado de voluntades decididas a protagonizar la simple
historia de su pueblo simple, no alcanzaron a imaginar, por inspirados
que fueran, que ese espacio elegido por el sol y el aire para que
los convalecientes curaran los males de la carne, sería el mismo
ámbito en el que la luna curaría de ausencias musicales a los argentinos.
Wisner, Sarmiento, Berghese, Israilevich, Monguillot y Barrera son
un muestrario de orígenes diversos, pero también un ejemplo de horizontes
comunes.
Muchos años después, el poeta salteño César Perdiguero definiría
este milagro proclamando: "Cosquín es ahora el gran congreso de
la coincidencia nacional... La de la coincidencia armoniosa del
canto".
Y
agrega luego: " La del intercambio de tonadas. Que por allí anda
diciendo lo suyo, el salteño soñador, el santiagueño sentimental
y vidalero, el tucumano dicharachero y el penetrante chaqueño restallante,
el cuyano musical y nostálgico. |
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